BREXIT: PROMESAS INCUMPLIDAS

Hace casi dos años que el Reino Unido decidió romper una convivencia de cuatro décadas. Pese a las excepciones conseguidas en diversos tratados, su resistencia a una mayor integración terminó por romper todos los puentes. De ello supo sacar provecho el populismo aislacionista (UKIP), cuyo relato logró convencer al 51,9% de los electores. ¿Qué ha pasado desde entonces?

    Si bien no han revestido la gravedad esperada, al menos en el corto plazo, las consecuencias económicas del Brexit son muy reales. Un goteo de deslocalizaciones ha hecho que grandes firmas comerciales y financieras empiecen a desplazar sus cuarteles, a fin de evitar males mayores. A finales de 2017 el banco de inversión norteamericano Goldman Sachs, anunció el traslado de parte de su plantilla a Frankfurt mientras su gestora europea se asentará en Dublín. También HSBC elaboró un plan de contingencia que prevé trasladar 1000 puestos de trabajo a París. A comienzos de 2018 la sociedad suiza de servicios financieros UBS aceleró sus planes para transferir 200 empleos fuera del país. Razones no les faltan, el pasado mes de febrero Dawning Street descartó seguir formando parte de la unión aduanera y del mercado único. Su objetivo es mantener acuerdos de libre comercio con la UE al tiempo que establece nuevas relaciones con terceros países. Todo depende del calendario de transición, destinado a amortiguar la ruptura del marco europeo. La salida del Reino Unido se producirá el 29 de marzo de 2019, y su separación completa tendrá lugar el 31 de diciembre de 2020. Bruselas y Londres han establecido un plazo intermedio para evitar males mayores. Además de las empresas, la captación de talento está suponiendo un problema. Entre los 3,6 millones de ciudadanos europeos que residen en Gran Bretaña, hay personal cualificado cuyo futuro se dirime en estas intrincadas negociaciones. Países como Dinamarca, Suecia o Finlandia, están poniendo en marcha estrategias de captación. Para lograr tal fin exhiben sus bajos índices de desempleo, su robusto Estado del Bienestar y unos salarios relativamente altos. A medida que la hora de la verdad se aproxima, un hecho objetivo demuestra el error cometido en 2016. La filtración de un informe secreto el pasado enero, advierte de los efectos perjudiciales del Brexit con independencia del modelo escogido. La reducción del crecimiento, pase lo que pasé, se situará entre el 2% y el 8%.

    Del mismo modo que las cifras, la sociedad británica experimenta un creciente desencanto. Los mensajes son contradictorios, expertos y representantes públicos discrepan sobre el impacto del camino emprendido, al tiempo que comienza a fantasearse con un segundo referéndum. Tampoco la Cámara de los Lores se ha mostrado entusiasmada con el Brexit Bill, al que tildan de defectuoso. Las tensiones nacionalistas se han disparado en Irlanda del Norte y Escocia, dónde la salida de la UE fue derrotada en las urnas. A última hora se ha logrado incluir Gibraltar en el acuerdo, pero su aplicación dependerá del grado de entendimiento entre España y Reino Unido. Sin embargo, el síntoma de deterioro más evidente lo encontramos en las elecciones generales del año pasado. El Partido Conservador fue víctima de un ajuste de cuentas que le hizo perder doce asientos, y puso a Theresa May al borde del precipicio. La crisis fue salvada gracias al apoyo de los unionistas, cuya alianza fue criticada por el ex primer ministro John Major. La batalla interna que viven los conservadores, a causa de las negociaciones con la UE, complican el futuro de su jefa de filas. Rivales internos como Boris Johnson o Amber Rudd esperan este tortuoso proceso acabe con May definitivamente. Por si todas estas adversidades supieran a poco, una trama de espionaje internacional viene a sacudir la actualidad británica. El envenenamiento de Serguéi Skripal y la extraña muerte de Nikolai Glushkov, han desatado un conflicto diplomático propio de la Guerra Fría. A pesar de los desencuentros, Europa no ha querido abandonar a Londres en esta difícil situación.

   ¿Es esta la independencia prometida por los “brexiters” durante la campaña? ¿Dónde están los incontestables beneficios de romper con la Unión Europea? No, el Reino Unido no es ni más próspero, ni más seguro, ni más dueño de sí mismo. Está sometido, como todos, al oleaje de un mundo globalizado que no respeta construcciones quiméricas. Bruselas no es perfecta, necesita reformas para ganar en eficacia, competitividad, cohesión social y democracia, que debemos realizar desde dentro. El siglo XX ha muerto, es tiempo de subordinar los egos nacionales y jugar en equipo.

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